Si hay algo que caracteriza a los seres humanos es que toda su vida discurre por una continua toma de decisiones, que abarcan no sólo necesidades o situaciones básicas y con efectos a corto plazo -qué comer, qué ropa ponerse, etcétera- sino también otras más complejas -qué formación política votar, dónde invertir los ahorros, aceptar o no una oferta de empleo, someterse a una intervención quirúrgica, por ejemplo- cuyas consecuencias dejan huella durante mucho tiempo, a veces, de manera permanente e irreversible.

La disyuntiva entre emoción y razón

Desde hace al menos 2.500 años, pensadores y científicos han estado interesados en saber cómo opera el cerebro de las personas cuando se ven en la tesitura de escoger el camino adecuado. Durante casi 20 siglos imperó la fórmula clásica de Platón, según la cual el hombre tiene un alma en constante conflicto, dividido entre la razón y las emociones, consideradas responsables de los errores. Sin embargo, la ciencia moderna, sobre todo a partir del siglo XX – con el desarrollo de la psicología y las neurociencias- han puesto de manifiesto que, en realidad, el proceso es bastante más complejo.

El neurocientífico y divulgador estadounidense Jonah Lehrer, autor del libro “Cómo decidimos”, considera que las mejores decisiones son fruto de una mezcla de sentimientos y razón, cuyo equilibrio depende de la situación que precisa una elección entre opciones.

Según Lehrer no hay que menospreciar, como hacían los filósofos clásicos, las emociones, pues estas cobran un gran protagonismo en el proceso de pensamiento. Son positivas, incluso, cuando se cometen errores, puesto que “a menos que uno experimente los desagradables síntomas de estar equivocado, el cerebro jamás revisará sus modelos”.

Mejor, en grupo: seis sombreros para pensar

Otra de las claves para tomar buenas decisiones sería no hacerlo en solitario. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Sídney, los animales actúan más rápidamente y deciden de manera más precisa en grupo. El estudio parte de un experimento realizado con peces, pero los investigadores consideran que los resultados son extrapolables a los humanos.

El proceso grupal de toma de decisiones es especialmente valioso en el ámbito empresarial. Y puede ser objeto de un método, como el que creó hace tres décadas el psicólogo Edward de Bono, padre del denominado “pensamiento lateral”: seis sombreros para pensar.

El método compone con los sombreros una metáfora de los cambios que sufren los elementos químicos del cerebro cuando tiene que pensar sobre una decisión. Es considerado en la actualidad como una de las técnicas más creativas para tomar decisiones colectivas.

Así, los sombreros representan diferentes direcciones del pensamiento y cada miembro del grupo puede ponerse o quitarse el sombrero -física o imaginariamente- para indicar qué tipo de pensamiento está utilizando durante su intervención en la tormenta de ideas en la que debe elegirse una opción:

  • El sombrero blanco es el de la neutralidad: el que se lo pone aporta información objetiva con la materia a tratar, sin juicios de valor.
  • El sombrero rojo es el del pensamiento emocional: su usuario puede expresar libremente sus sentimientos, sin justificarse.
  • El sombrero negro representa el pensamiento negativo: la persona que se lo pone expresa la peor visión posible del problema, poniendo sobre la mesa todos sus riesgos.
  • El sombrero amarillo, en cambio, se usa para dar rienda suelta al pensamiento positivo: el interviniente que se lo pone hará un argumento constructivo y al mismo tiempo reflexivo.
  • El sombrero verde, por su parte, es el del pensamiento creativo: la misión de su portador es aportar ideas imaginativas.
  • El sombrero azul, que es el que se utiliza al principio y al final de la tormenta de ideas, es el del control del proceso de pensamiento. La labor del que lo lleve es coordinar de principio a fin el proceso de toma de decisiones.

Las Matemáticas también tienen algo que decir sobre la toma de decisiones…

Uno de los científicos que más impacto han tenido en el estudio del universo de las decisiones no fue, sin embargo, neurólogo ni psicólogo, sino un matemático, que inspiró la película “Una mente maravillosa”: el matemático y Premio Nobel de Economía John Nash. Este último revolucionó la Teoría de Juegos, que se puede considerar la ciencia de las decisiones, sobre todo en el ámbito económico, pues establece que en el proceso no solo influye el punto de vista de una persona, sino también en la hipótesis de cómo actuarán o qué decidirán otras personas implicadas en la realidad sobre la que hay que tomar una decisión. Para entender la teoría del equilibrio de Nash, lo mejor es prestar atención a su dilema del prisionero.

Cómo tomar buenas decisiones en el ámbito empresarial

Tomar decisiones forma parte de las personas que tienen cargos de responsabilidad dentro de una empresa. Y no todos valen para hacerlo. Para ello, se exige una serie de requisitos que pasan por un estilo de liderazgo, la capacidad de motivar a sus equipos, un enfoque global de la empresa, la capacidad de respuesta ante los retos y la habilidad para anticiparse.

Silvia Sánchez, asesora de marca profesional y coach de estrategia digital, recopila las estrategias más comunes para tomar decisiones de manera eficaz:

  1. Ser conscientes de cuál es el sistema propio de toma de decisiones: no es lo mismo hacerlo solo o en compañía, con rapidez o con calma, etcétera.
  2. Tener una visión de todo el panorama, sin centrarse sólo en “lo obvio o lo más brillante”.
  3. Buscar información opuesta, “que desafíe tus ideas y que demuestre que estás equivocado”.
  4. Trabajar con una actitud de máxima observación, abriendo los ojos a lo que “de otra manera, podrías pasar por alto”.
  5. Contar con la colaboración de un miembro del equipo que sea capaz de desafiar tus prejuicios.
  6. Buscar expertos que no tengan intereses en la materia sobre la que se ha de tomar la decisión.

Un consejo adicional que cualquier persona debería tener en cuenta sobre la toma de decisiones es aprender a convivir con el error. Como señala la doctora Mila Cahue, autora de El Cerebro Feliz, “no nos gusta equivocarnos, pero, a veces, no nos queda más remedio”.

Fuentes: El Mundo, Muy Interesante y EAE Business School

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