Uno de los problemas más generalizados en la actualidad es caer en la monotonía de la rutina diaria, lo que nos lleva a repetir un patrón reiterado tanto en nuestra vida personal como laboral. Justo ahí, es donde, por comodidad, buscamos estar resguardados y protegidos, al calor de nuestra zona de confort.

Sin embargo, la apatía y el aburrimiento pueden terminan por afectarnos si repetimos, una y otra vez, los mismos hábitos y conductas en el trabajo. Por eso, aceptar que nos hemos acomodado, que tenemos miedo a equivocarnos, al qué dirán o a lo desconocido, son algunas de las razones que nos llevan a refugiarnos en ese lugar seguro y manejable.

Podríamos definir la zona de confort como ese espacio en el que somos conscientes de nuestro autoconocimiento, puesto que sabemos cuáles son nuestras fortalezas como profesionales y, además, sabemos cómo ponerlas en práctica. Pero también conocemos esas áreas en las que no somos eficaces y carecemos de formación o experiencia y en las que es difícil ofrecer nuestra mejor versión. No obstante, existen otras áreas que quedan fuera del alcance de nuestra conciencia, como son las fortalezas ocultas (lo que no se sabe que se sabe) y las zonas ciegas (lo que no se sabe que no se sabe) y que sería bueno potenciar para explorar nuevos caminos.

 

Desmotivación laboral

La falta de objetivos dentro de la empresa, puede hacernos sentir estancados, e incluso perdidos. Cuando la rutina se hace crónica, la desmotivación nos induce a la desidia, la dejadez y la frustración. Podemos llegar a confundir la desgana con el cansancio y la falta de ambición. Y todo ello se convierte en una barrera que nos impide avanzar y convertirnos en el profesional destacado que queremos llegar a ser.

Para ello, es esencial identificar nuestros bloqueos, esos que hacen que estemos desactivados, aburridos y sin ilusión. Esa abulia que, ante la falta de expectativas y posibilidades de mejora, nos impide alcanzar nuevas metas profesionales. Conocer esas limitaciones de antemano, nos predispondrá al cambio, para aprovechar nuestras fortalezas y superar nuestras debilidades.

Claves para salir de la zona de confort

Antes que nada, tenemos que ser conscientes de que para evolucionar debemos ser constantes con nuestras acciones y no obsesionarnos con alejarnos de la zona de confort, puesto que puede ser un proceso pausado, gradual y de largo recorrido.

El primer paso es imaginar qué metas queremos alcanzar y marcarnos objetivos, ya sean sencillos o complejos (todos supondrán sacrificio y esfuerzo), y ponerles una fecha para su consecución. Para ello debemos tomar decisiones específicas, que pueden ir desde algo tan simple como cambiar nuestra actitud, apostar por hábitos saludables, modificar el itinerario diario para ir desde casa a la oficina o realizar algún cambio en la decoración del despacho hasta solicitar un cambio de puesto.

Es importante procurar no posponer el “momento cero” para iniciar estos retos, por muy pequeños que sean, porque se convertirán en un lastre y en un motivo de insatisfacción. Además, es aconsejable celebrar la realización de esos objetivos antes de plantearnos otros nuevos.

Para lograr nuestros objetivos, tendremos que arriesgar. Los retos suponen tomar decisiones con cierto grado de inseguridad y es imposible dar un paso teniendo una certeza de que todo va a ir bien. Por esta razón es esencial que se valoren las ventajas que nos aportará ese cambio de rutina, puesto que lo más importante es trabajar en lo que nos gusta… y no siempre salir de esa comodidad es la mejor opción.

Buscar la mejora de forma continua, entusiasta y voluntariosa es otro modo de alejarse de la pereza y el inmovilismo. Es imprescindible que asimilemos cosas nuevas cada día y que nos propongamos nuevos desafíos para fomentar nuestras inquietudes como profesionales. Profundizar en los conocimientos sobre un área concreta mediante cursos de formación, aprender un idioma o estudiar otra carrera pueden ser buenas opciones. Así adquiriremos nuevas competencias a la par que conciliamos trabajo y formación.

En este sentido, practicar networking y asistir a congresos de nuestro sector empresarial, además de para estar informado, servirá para conocer gente y establecer alianzas futuras de colaboración. Fomentar el uso profesional de las redes sociales, posicionar nuestra marca personal, y compartir información de calidad son otras de las opciones de cambio. También, escribir nuestro propio blog profesional y posicionarnos como expertos en nuestra temática, nos obligará a actualizar conocimientos de forma constante, a la vez que creamos una comunidad de seguidores.

Otra de las claves para alcanzar el trampolín profesional que necesitamos en nuestra carrera profesional es adoptar una actitud proactiva para aportar nuestras ideas en las reuniones de trabajo, evitando en todo momento adoptar un rol de invisibilidad y silencio. La finalidad es que nuestras opiniones sean tenidas en cuenta, para mantenernos dinámicos, activos y siempre alerta.

 

Motivación externa

Asimismo, se puede buscar motivación externa a través de un líder de la empresa. Y es que, hoy en día, sacar a la gente de su zona de confort se está convirtiendo en uno de los puntales de estos profesionales que manejan con habilidad sus conocimientos para ayudar a sus colaboradores a desarrollar nuevos talentos.

Por último, otro método eficaz que nos puede ayudar a progresar es recurrir a un proceso de coaching empresarial, una técnica que puede suponer una oportunidad para reorientar nuestra carrera profesional y definir esos propósitos que nos gustaría cumplir. De esta forma, obtendremos una perspectiva más clara para organizarnos y avanzar hasta alcanzar nuestras aspiraciones en el plano laboral.

En resumidas cuentas, dar un paso adelante y salir fuera de la zona de confort nos hará coger las riendas de nuestra vida y estar abiertos a nuevas experiencias. Tomar decisiones propias y asumir riesgos, nos hará sentir satisfechos por haber luchado por lo que queremos. Y junto a esto, creceremos como personas y lograremos llegar más lejos en nuestra carrera profesional.

 

Fuentes: Fortune, Forbes, El Economista

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