¿Cuántas veces nos han dicho que si algo no funciona es debido a que hay un problema de comunicación? Vale, pues ocurre que esta afirmación que hemos oído en tantas ocasiones es cierta. Lo es en todos los ámbitos, pero en el entorno profesional casi más, ya que resulta imprescindible aplicar los principios de la escucha activa para que el trabajo sea más eficiente y la relación entre compañeros mucho más fluida.

La cosa tiene un origen antropológico. Si algo distingue al ser humano de sus antepasados y marca en cierto modo su evolución es su capacidad para organizarse colectivamente y sacar provecho de ello. Esta habilidad define el inicio de la civilización tal y como la hemos conocido durante milenios.

En el trabajo ocurre lo mismo. Para buscar el crecimiento profesional, individuos y organizaciones aplican los principios de la interacción. No podemos olvidar que estamos hablando siempre de una calle de doble dirección. Porque la escucha activa es como la lealtad: es recíproca o simplemente no existe.

La empatía para leer los trasfondos de lo que se dice

La realidad es esta: no conocemos nuestras capacidades hasta que las ponemos a prueba. Pues bien, al resto les ocurre otro tanto, de modo que lo más sensato también en el ámbito de la empresa es dar a los demás la posibilidad de integrar su talento y ponerlo a rodar por el carril adecuado. Ahí entra en escena la escucha activa. Y es que las organizaciones que no ponen en práctica esa sensibilidad, tampoco se saben expresar. Por eso, para obtener de su equipo la mejor versión de cada uno, la primera tarea del líder inspirador es esa, escuchar.

Implantar una cultura de prestar atención activamente requiere desarrollar un método claro que tiene que ver con la empatía, es decir, con saber entender las convicciones, desafíos y también temores del otro. Porque, como dice Donoso Cortés, “lo importante no es solo escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa”. Es decir, la empatía es esencial para que el líder o el manager de un equipo sea capaz de atender a las demandas, a las preocupaciones, a los miedos y las inquietudes de su equipo o de sus compañeros no solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen. Leer los trasfondos de lo que alguien expresa es un valor esencial si queremos que la escucha responda a la realidad de esa persona.

Por eso, no hagamos trampas con la escucha activa. Por encima de todo no debemos adaptar la visión de los demás a nuestra lógica, a las conclusiones que ya tenemos prefijadas de antemano, manipulando el criterio legítimo de otros mediante recursos dialécticos que solo esconden soberbia y pereza intelectual.

La importancia de las actitudes

Hay otras reglas que seguir en la práctica de percibir activamente el entorno: el lenguaje corporal es importante, tanto el nuestro (las actitudes indolentes no ayudan nada a la comunicación) como el de nuestro interlocutor: dejar hablar al otro es fundamental, fuera las respuestas automatizadas que hacen del proceso un esfuerzo inútil, smartphone, ordenador o distracciones de otro tipo lejos de nuestra vista mientras nos hablan…

Cada grupo de trabajo tiene que encontrar su propia fórmula para convertir la escucha activa en una herramienta eficaz. Eludir este desafío supone asumir un gran riesgo: quedarnos sin saber lo que hubiera pasado de tomar un camino diferente y más sabio.

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