Una de las tendencias en la gestión del talento que se está consolidando desde hace varios años es la implementación de la denominada metodología Agile, un sistema de organización cuyo origen poco o nada tiene que con la administración de los Recursos Humanos de una compañía.

Nació en 2001, cuando una veintena de expertos en desarrollo de software decidió que era la hora de saltarse la rigidez de los sistemas tradicionales de trabajo para apostar por un nuevo paradigma que redujese la duración de los procesos, mejorase la calidad de los productos y servicios e hiciera posible una reacción rápida a los obstáculos que surgieran en el camino.

Sus promotores, liderados por el ingeniero norteamericano Ken Beck, hablaron expresamente de “métodos ágiles” y vertieron todo lo que surgió de aquella histórica tormenta de ideas en un manifiesto que, casi 2 décadas después, se ha convertido en una especie de biblia de la eficiencia y eficacia para el logro de objetivos, en todo un movimiento global que está transformando el mundo del trabajo.

La gran hazaña del movimiento Agile es que trascendió el universo de los desarrolladores de software para aplicarse cada vez en más áreas de las organizaciones. También, por supuesto, en los departamentos de Recursos Humanos, para hacer frente a un mercado cada vez más competitivo, en términos de candidatos y perfiles solicitados.

La filosofía que alumbraron aquellos desarrolladores de software en 2001 no sólo se ha demostrado útil en el mundo de la empresa -con más impacto en el sector tecnológico, con gigantes como Microsoft, Google, Facebook, Apple o Amazon, a la vanguardia de su implementación-. También en política: la adopción de este sistema de trabajo fue una de las claves para que Barack Obama venciera a las encuestas de 2012 y fuese reelegido presidente de Estados Unidos.

En el ámbito de la gestión del talento, la metodología Agile implica dar más importancia al factor humano que a los procesos; sacar rédito de los errores para lograr una mejora continua; una colaboración estrecha con el cliente; y mayor rapidez para adaptarse a los cambios que surjan durante el proceso.

Las empresas que apuestan por ser ágiles desde el punto de vista de sus Recursos Humanos se caracterizan por contar con un entorno colaborativo y humanista: las decisiones se adoptan de manera conjunta por parte de profesionales altamente capacitados, muy motivados y con aptitudes para el trabajo en equipo, lo que facilita las sinergias y la gestión de conflictos, logrando así una mayor fluidez en todos los procesos. Además, las personas dejan de ser consideradas como “recursos” y se convierten en elementos indispensables que generan valor para la empresa.

Esta metodología también se puede aplicar a la captación de talento. Con el agile recruiting, los procesos de selección y contratación son más rápidos y eficientes, sin pasos intermedios innecesarios y sin documentaciones exhaustivas.
Además del sistema derivado directamente del Manifiesto Agile, hay otros dos métodos considerados ágiles que tienen gran aceptación entre los gestores de talento: Scrum y Kanban. Con el primero, los procesos de selección se dividen en fases, con reuniones periódicas para evaluar cada paso; el segundo, permite estar al día del desarrollo del proceso mediante un cuadro (físico o virtual) en el que se recoge, de manera actualizada, el estado de las tareas pendientes, terminadas o en fase de desarrollo.

Los departamentos de Recursos Humanos que funcionan con la metodología Agile están, por sus relaciones transversales, en una posición inmejorable para convertirse en embajadores de este sistema, de modo que su implantación se extienda a las demás áreas de una organización.

 

Fuentes: Manifiesto Agile, Forbes y Proyectos Ágiles