En los últimos tiempos se ha hablado mucho de la transformación digital. Y no es para menos. La llamada como “cuarta revolución industrial” se ha convertido en pocos años en un proceso imparable, que avanza de forma rápida en su desarrollo, y que está modificando la sociedad, la economía y el mercado laboral por completo.

Sin duda, esta metamorfosis digital promete ser un proceso desafiante, beneficioso y estimulante para las organizaciones, cuya finalidad es la mejora de su productividad y rendimiento con el fin de alcanzar los objetivos de negocio. Y para lograrlo deben seguir dos grandes líneas de actuación: por un lado, invertir en capacidades digitales y, por el otro, en líderes que sean impulsores de ese cambio.

De este modo, las prioridades de las empresas, a grandes rasgos, pasan por retener el talento digital, desarrollar las capacidades digitales de los empleados y fomentar las aptitudes de liderazgo de los altos cargos.

Sin embargo, transformar digitalmente una organización no significa sólo tener los últimos avances tecnológicos del sector, con los que automatizar los procesos empresariales. Esto no es suficiente para sacar el máximo partido al negocio, puesto que, sin el desarrollo del factor humano, no es posible el éxito de este cambio.

 

Cambio cultural

El internet de las cosas, el Big Data, la inteligencia artificial o las tecnologías móviles, entre otras, han llegado a nuestras vidas para quedarse, influyendo de forma directa en nuestras tendencias de vida cotidiana y consumo. Por eso, muchos expertos consideran que este fenómeno debería estudiarse desde el punto de vista de la antropología, más que desde la orientación tecnológica, puesto que, al fin y al cabo, se trata de un cambio cultural que afecta por completo a nuestra forma de vida.

Y es que esta conversión está suponiendo un reto que no solo atañe a las empresas, optimizando sus sistemas de producción, organización y administración, sino también a las personas y, por ende, a los profesionales, porque esta metamorfosis en la forma de entender las actividades humanas, influye directamente en el plano laboral. Las nuevas herramientas que aporta la tecnología hacen que el cambio sea continuo, por lo que los perfiles profesionales deben ir adaptándose a las exigencias de un mercado laboral en constante evolución.

 

Consecuencias

Entre las consecuencias que el proceso de esta transformación digital está ocasionando se encuentra, en el lado positivo, la mejora del nivel y la calidad de nuestras vidas, algo que todos ya hemos asumido en los últimos tiempos.

En el plano profesional, hay una tendencia clara a trabajar más en proyectos mediante objetivos y resultados. Un hecho que incentivará la aparición de un mayor número de emprendedores frente a personas contratadas en un negocio tradicional. Además, la reducción de costes laborales en las empresas, al tener menos personal en plantilla, puede hacer que los sueldos sean mayores para los profesionales cualificados.

Asimismo, la formación continuada del trabajador a lo largo de toda su vida laboral será condición indispensable para desempeñar su labor y contar con un empleo. La transformación requiere que los empleados comprendan y dominen más que nunca las nuevas tecnologías, pero para ello necesitan las herramientas y capacidades necesarias para poder participar con éxito en esa revolución tecnológica. Es de este modo, como serán de gran utilidad para las empresas, puesto que representan una apuesta segura para mantener y mejorar su competitividad.

Sin embargo, otra realidad paralela, que, cuanto menos, despierta incertidumbre es la destrucción y desaparición de oficios a manos de la inteligencia artificial, ya que se absorberán puestos de trabajo con escaso valor añadido. Pero del mismo modo, también es la ocasión perfecta para que aparezcan nuevos empleos que antes no existían.

Otro problema generalizado es que los gobiernos no están trabajando a la misma velocidad que se produce esta transformación tecnológica. La ideal sería adecuar la formación que reciben los futuros trabajadores con el mercado que encontrarán cuando terminen sus estudios y para ello sería conveniente cambiar los planes de estudio, poniendo el foco en materias STEM, es decir, todas las relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, sin dejar de lado las humanidades

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Guía para la gestión del cambio digital

Grosso modo, la hoja de ruta para llevar a cabo una transformación digital exitosa por parte de las organizaciones pasaría por auditar el estado de la cultura y el talento digital de la empresa (estructura organizativa, capacidades, tecnología disponible, estado del liderazgo, entre otras) para identificar las áreas clave sobre las que habría que actuar y descubrir las oportunidades y desafíos que se van a encontrar a lo largo del desarrollo del proceso.

Después de esto, habría que desarrollar una visión digital clara y convincente del escenario futuro que se desea lograr y para ello es necesario involucrar a los equipos directivos y los agentes relevantes dentro de la organización. Es el momento de cuestionar las normas y el funcionamiento tradicional de la empresa y abrazar otras ideas y puntos de vista de cara a la transformación.

Asimismo, hay que desplegar y poner en marcha la ruta a seguir en áreas como la tecnología, las capacidades, la organización, los actores clave, los costes, el liderazgo o el marco de los Recursos Humanos. El enfoque tiene que ser constantemente comunicado y debe contar con la involucración de todos para su implementación.

El proceso llevará a nuevas maneras de hacer las cosas: los puestos de trabajo se definirán de forma diferente, las organizaciones serán más fluidas y menos jerárquicas, se introducirán nuevas formas de comunicación y se apostará por nuevas capacidades en cuanto a liderazgo se refiere. Todo ello hará que emerjan diferencias generacionales entre los empleados más jóvenes, con habilidades digitales más desarrolladas, y los más mayores, que aportan sus conocimientos y experiencia, lo que ayudará a fomentar un nuevo compañerismo.

Junto a esto, hay que desarrollar el liderazgo digital para crear los perfiles profesionales que se quiere integrar en la empresa y que estarán destinados a guiar y dirigir el proceso de cambio. Además, la organización debe contar con una herramienta de software de Recursos Humanos adecuada para gestionar el talento de manera eficiente.

Otro de los pasos a seguir es transformar la cultura de la organización, cómo se lleva a cabo el trabajo o cómo se relacionan los miembros entre sí. También habría que introducir una tecnología global digital en la que se identifiquen las tecnologías móviles sociales y analíticas necesarias, así como garantizar la integración, la transferencia de datos, la transmisión de ideas y el feedback empresarial.

Además, se deberían desarrollar las capacidades del talento digital, mediante una cultura de aprendizaje con la que las habilidades y el conocimiento se actualicen de forma continua, y para ello deben contar con una amplia gama de herramientas.

Por último, hay que comparar y medir los avances logrados mediante otra auditoria con la que se analizará si los resultados empresariales propuestos han sido alcanzados y donde emergerán las áreas que necesitan ser mejoradas.

Todo ello, debe enmarcarse dentro de la aceptación de que esta transformación digital es un paso en la dirección correcta y en constante evolución y que se repetirá de forma regular a medida que continúe desarrollándose el entorno tecnológico digital en el que vivimos y trabajamos.

 

Fuentes: Glocal Thinking, Expansión, EUDE Business School

 

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