Dice Daniel Goleman dice que “tenemos dos mentes, una que piensa y una que siente”. Pero, ¿cómo gestionar la segunda para mejorar nuestras relaciones laborales?

Cada vez lo afirman más estudios: nuestra racionalidad no aporta más de un 10 % a nuestra conducta habitual, mientras que el otro 90 % lo manejan las emociones, la parte más subjetiva e intuitiva de nuestro pensamiento.

A este porcentaje no escapa ni siquiera la gestión que hacemos de nuestro trabajo, un entorno que a priori parecería estar gobernado más por la razón y la consciencia. Porque tal vez la estrategia empresarial sea fruto de la reflexión y del análisis, pero el día a día está condicionado, sobre todo, por automatismos, prejuicios, proyecciones y clichés individuales y culturales.

Y ahí es donde entra el juego la inteligencia emocional, un concepto relativamente reciente en el mundo de la psicología laboral que cada vez tiene más importancia en los entornos profesionales. Tanto que ya se leen afirmaciones como que “los CEO de una empresa a veces son contratados por su capacidad intelectual y su experiencia, y despedidos por su falta de inteligencia emocional”.

Inteligencia emocional, ¿nace, o se hace?

El resultado de estudio sobre  test de inteligencia arroja que la métrica del Cociente Intelectual ya no es tan determinante para augurar el éxito profesional, sino que la inteligencia emocional puede ser quien marque la diferencia. Y es que se trata de una habilidad que podemos entrenar.

Educar la razón pasa por educar las emociones, y una relación equilibrada entre ambas es decisivo para afrontar la vida profesional. De hecho, muchos profesionales de la educación, como Pablo Fernández Berrocal, catedrático de Psicología en la Universidad de Málaga, defienden la incorporación de esta destreza a las aulas de los colegios para que las nuevas generaciones sepan gestionar, tanto en el colegio como en sus futuros trabajos, las relaciones con sus compañeros. Muchas veces, lo que marca la diferencia entre un profesional y otro en el mismo puesto de trabajo no son precisamente las facultades laborales, sino la capacidad de manejar el estrés laboral y el trabajo en equipo.

Daniel Goleman y los pilares de la inteligencia emocional

Aunque desde los años 20 se viene hablando de este tema, quien introdujo la idea de la inteligencia emocional en la empresa fue Daniel Goleman. Este psicólogo estadounidense, motivado por el efecto negativo que producían los arrebatos emocionales sobre el desempeño laboral de la gente, y la poca luz que arrojaban los test de CI para predecir la valía de alguien en su puesto de trabajo, intentó encontrar los factores que determinaban que alguien llegara a ser un líder carismático o, por el contrario, un perfil problemático.

Y según su teoría, desarrollada en el libro Inteligencia emocional de 1995, la diferencia reside en ser capaz de adquirir estas habilidades, algunas impresas en nuestra cadena de ADN, y otras cinceladas por el contexto cultural, social o familiar:

– autocontrol

– entusiasmo

– empatía

– perseverancia

– capacidad de motivarse a uno mismo

No trabajamos solos, por lo que si en vez de lastimar el sistema emocional de nuestros compañeros o empleados ponemos en práctica estos 5 puntos, evitaremos conflictos que pueden desembocar en desmotivaciones, baja productividad y, en definitiva, problemas en los equipos de trabajo.

Fuente: JuanPedroSánchez, Leader Summaries, El País