Definir los aspectos básicos del modelo de gestión de una organización se está convirtiendo en uno de los objetivos esenciales de las empresas que apuestan por actualizarse y renovarse de forma constante. Este conglomerado de ideas se aúna bajo el concepto de cultura organizacional, utilizado cada vez con más frecuencia, y que es clave tanto en los procesos de innovación dentro de una organización, como en la dirección hacia la que se encamina el cambio.

En rasgos generales, el concepto de cultura empresarial podría definirse como el ambiente que se respira en el lugar de trabajo y lo que transmiten las actitudes de las personas que lo integran. Es, en resumen, el conjunto de formas de pensar, de actuar y de sentir que son compartidas por los miembros que componen cada organizacióny recoge elementos tan cotidianos como el flujo de la comunicación, la forma en que se toman las decisiones, cómo se organizan los recursos, los valores y normas aplicados y su grado de flexibilidad para llevarlos a cabo, la disposición a la hora de asumir riesgos y aceptar sus consecuencias o los estilos de liderazgo, entre muchas otras variantes.

Dicho de otro modo, se trata de un poderoso instrumento para cualquier compañía cuyo objetivo es promover cambios e introducir nuevas ideas o métodos en la gestión empresarial. Por lo que se puede afirmar, sin lugar a muchas dudas, que la cultura organizacional es la que hace a cada empresa única y diferente al resto.

 

Crear cultura organizacional

La preocupación por esta cultura empresarial es relativamente reciente, puesto que hasta mitad de los años 80 se consideraba a las organizaciones como medios por los que se coordinaba y controlaba a grupos de personas. Sin embargo, el concepto surge para defender la idea de que las empresas tienen personalidades muy distintas entre sí, que las permiten brillar por sí solas.

Por esta razón, su gestión es un elemento crucial en un entorno moderno y de cambios continuos. Por lo que las empresas deben disponer de herramientas para identificar y gestionar esta cultura y convertirse en una organización competitiva, en busca de clientes que se sientan identificados y reflejados con los valores y comportamientos que abanderan.

Existen cinco acciones que toda empresa debe tener en cuenta a la hora de crear y mantener la cultura con la que se quieren identificar. La primera de ellas pasa por definir la cultura a implantar, a la que seguiría por un lado la constitución de sus comportamientos y por otro la mejora de la comunicación empresarial. La cuarta se centra en la coherencia entre lo que se hace y lo que se dice, mientras que la última acción plantea la necesidad de dedicar más tiempo a la selección y contratación de empleados.

Tipologías de cultura organizacional

Existen muchos modelos de cultura organizacional, tantos como clasificaciones de los mismos. Sin embargo, la clasificación definida por Roger Harrison, de Harvard Business Review, es la que cuenta con mayor aceptación y popularidad, ya que define cuatro tipos de orientaciones culturales según los objetivos empresariales y los valores asociados a ellos.

  1. Organizaciones orientadas al poder, cuyo objetivo principal es la competitividad empresarial. Sus valores están orientados a reforzar su posición de poder en el mercado, por lo que suele tomar decisiones a través de la figura de un directivo con autonomía y control sobre los empleados.
  2. Organizaciones orientadas a la norma, basadas en garantizar la seguridad y estabilidad de la empresa. Están enfocadas al cumplimiento estricto de las normas y las responsabilidades de cada puesto, así como el funcionamiento correcto de los procedimientos y procesos.
  3. Organizaciones orientadas a resultados, que tienen como objetivo ser más eficaces y óptimas durante el desarrollo de los procesos. Apuestan por la reducción de costes y el cumplimiento de los objetivos empresariales en breves plazos de tiempo, con la mayor eficacia posible. Es lo que hace a las empresas más competitivas en entornos empresariales cada vez más complicados.
  4. Organizaciones orientadas a personas, que abogan por la realización personal de los miembros de sus equipos de trabajo mediante el desarrollo de su formación, así como el fomento de su motivación, creatividad, implicación y satisfacción. El empleado es el centro de la actividad, porque supone el activo más importante de la organización y con ello se propicia la ayuda e interés mutuos.

En la actualidad, las empresas apuestan por modelos orientados a resultados y personas, dada su flexibilidad, y deciden alejarse de culturas estrictas, como las orientadas al poder y la norma, propias del pasado.

Fuentes:Harvard Business Review, EmprendePyme, Acsendo, Felicidadeneltrabajo.es

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