Una de las tendencias empresariales más interesantes de los últimos años pertenece al ámbito de los Recursos Humanos y podría resumirse como el creciente interés por parte de la mayoría de compañías por atraer y retener el talento entre sus filas, el conocido como Employer Branding.

Afortunadamente, la idea que se tenía sobre los empleados como meros números ha desaparecido del panorama empresarial para dejar paso a una cultura que recompensa al que más aporta.

Y es que la apuesta por el talento repercute directamente en el rendimiento de las empresas a una escala difícil de imaginar. Nueve de cada diez empresas de alta retención —aquellas que son capaces de mantener a más del 60% de sus empleados mientras dura su contrato— cumplió con éxito sus objetivos estratégicos el año pasado, según un informe de la consultora Towers Watson. Sin embargo, sólo seis de cada diez compañías con tasas de retención inferiores al 40% pueden decir lo mismo.

Por si fuera poco, el panorama laboral está cambiando sustancialmente. Los millennials tendrán, de media, 11 empleos diferentes a lo largo de su vida, según un estudio de la consultora McKinsey. Las nuevas generaciones son cada vez más críticas a la hora de escoger el lugar en el que quieren trabajar y valoran todo tipo de variables para tomar esta decisión. Les importan otras cuestiones por encima del salario, como la conciliación laboral, la conexión con sus compañeros o que las tareas que vayan a desempeñar tengan un propósito con el que puedan sentirse identificados.

La retención del talento se antoja hoy en día para las empresas como un importante reto que deberán asumir si quieren contar con los mejores empleados entre sus filas. Para conseguirlo, es esencial que proyecten una buena imagen de marca y eso puede conseguirse gracias al Employer Branding.

¿De qué estamos hablando?

Podríamos definir el Employer Branding como la suma entre la reputación de la que goza una compañía como marca empleadora y la propuesta de valor que tiene con sus empleados. El fomento de esta tendencia solo puede traducirse en mejores resultados en la captación y fidelización del talento dentro de las organizaciones. Cada vez más empresas son conscientes de ello: tres de cada cinco lo consideran como una prioridad, de acuerdo al estudio “El futuro de la marca de empleador” realizado por la compañía Universum.

El impulso que ha cogido esta tendencia es abrumador, sobre todo teniendo en cuenta que el concepto es relativamente moderno. Con sus orígenes a comienzos de los años 90, tiene que pasar una década para que empiece a cobrar fuerza. Una encuesta de “The Conference Board” realizada en 2001 desvelaba que, por aquellos años, un 40% de los entrevistados recurría al Employer Branding en su empresa. Desde entonces, el concepto se ha popularizado y son pocas las organizaciones que pongan en duda su potencial.

¿Cómo abordar esta cuestión?

En resumen, podríamos concluir que la mejor manera de afianzar una marca empleadora sería comenzar a implementar estrategias de marketing que reflejen los valores y cultura de la compañía y expliquen las claves por las que esta se postula como el entorno de trabajo ideal para los empleados. Y la comunicación corporativa es esencial para alcanzar este propósito.

Los canales para ejecutar una estrategia de Employer Branding son de lo más variado y pueden ir desde la intranet corporativa, el correo electrónico o reuniones de empresa a otros externos, como una página web o las redes sociales. Si logramos abordar uno o varios de estos canales con éxito, los equipos de trabajo pueden convertirse en los mejores embajadores de la imagen de una organización.

Los mejores resultados

Los beneficios de decidirse a potenciar la marca empleadora trascienden el ámbito de los recursos humanos y pueden terminar influyendo positivamente en los números de la empresa. Las estrategias de Employer Branding fomentan la motivación y el compromiso de los empleados con la compañía y generan confianza entre las personas del equipo. En una empresa en la que sus trabajadores están contentos, disminuye la rotación de personal, mejora la imagen externa de cara a clientes y proveedores y aumenta el número de candidatos que quieren pasar a formar parte de la compañía.

Es importante tener en cuenta que, al fin y al cabo, el Employer Branding no solo es positivo para la marca: busca el bienestar del empleado por medio de la creación de un buen clima laboral y de la potenciación de su desarrollo personal y profesional y, gracias a la generación de motivación que potencian estas políticas, se obtiene un aumento en la productividad y el compromiso que fortalecerá un vínculo laboral con el que todos salen ganando.

Fuentes: Universum, The Conference Board, McKinsey, Towers Watson